. La conclusión que circula en el peronismo es despiadada: si Maya era el “barrilete de plomo”, Michel es el “barrilete de platino”. Tampoco vuela, pero hacerlo remontar cuesta muchísimo más.
La frase comenzó a circular como una ironía y terminó convirtiéndose en un diagnóstico:
“Es más fácil hacer ganar a Maya que a Michel”.
No es precisamente un elogio para Héctor Maya. Su extensa trayectoria está marcada por repetidas derrotas en Gualeguaychú. Perdió allí como candidato a gobernador en 1999; tampoco pudo imponerse cuando compitió por la intendencia en 2007; volvió a perder encabezando una lista legislativa en 2009 y, en 2025, su candidatura al Senado terminó rondando apenas el 3%.
Por eso, en el ambiente político local lo resumen sin demasiados cuidados: “Maya siempre perdió en su ciudad”.
Lo demoledor es lo que viene después: aun cargando con ese historial, hay dirigentes que consideran que hoy sería más sencillo hacerlo ganar a él que a Guillermo Michel.
Mucho despliegue, poco resultado
Michel no puede alegar falta de conocimiento público. Fue funcionario nacional, director de Aduanas, hombre de confianza de Sergio Massa, candidato a diputado y actualmente ocupa una banca en el Congreso.
Tiene relaciones, estructura, acceso a medios y una maquinaria política que trabaja permanentemente para instalarlo. Lo que no tiene es una explicación convincente para su derrota en casa.
En las elecciones de 2025, Michel encabezó la lista de diputados nacionales de Fuerza Entre Ríos. En el departamento Gualeguaychú, La Libertad Avanza obtuvo el 54,90% y su fuerza quedó en el 33,44%.
La diferencia superó los 21 puntos. Los libertarios ganaron en 223 de las 226 mesas. En la propia mesa donde votó Michel, también perdió: 123 votos contra 88.
Se puede culpar a la ola nacional. Se puede hablar de Milei, de Frigerio, del desgaste del peronismo o de una campaña difícil. Todo eso influyó. Pero cuando un dirigente que pretende gobernar Entre Ríos pierde de semejante manera en su propio territorio, ya no alcanza con echarle la culpa al contexto.
La ola explica una parte. El rechazo local explica la otra.
No le falta prensa: le falta adhesión
El principal reproche que se escucha en Gualeguaychú es sencillo: Michel aparece mucho más de lo que convence.
Entrevistas, fotografías, recorridas, declaraciones y actividades mantienen su nombre en circulación. Pero semejante exposición no consiguió despertar entusiasmo. Por el contrario, empieza a producir la sensación de una candidatura empujada artificialmente.
Una cosa es instalar a un dirigente desconocido. Otra muy distinta es insistir con uno que la sociedad ya conoce y no termina de aceptar.
Cuanto más aparece Michel, más evidente se vuelve la dificultad. El despliegue comunicacional, pensado para demostrar fortaleza, termina exponiendo una debilidad: necesita ocupar permanentemente la escena porque todavía no logró ocupar el lugar que pretende en el electorado.
La propaganda puede imponer una fotografía. No puede imponer confianza.
El dueño del diario que no figura como dueño
En Gualeguaychú también circula la versión de que Michel sería propietario o tendría influencia sobre el diario El Día. No existe, hasta ahora, documentación pública suficiente que permita afirmar que sea dueño de ese medio.
El propio diario identifica a Editorial El Día SRL como la sociedad responsable. Las fuentes públicas consultadas no vinculan societariamente a Michel con esa empresa.
Pero el reproche político no termina allí.
Si parte de la sociedad llegó a creer que Michel es dueño del diario, la pregunta incómoda es otra: ¿qué clase de cobertura recibió para que semejante percepción pudiera instalarse?
El problema no es solamente quién figura en los papeles. También importa qué interpreta el lector cuando encuentra una presencia reiterada y una exposición que parece acompañar una construcción electoral.
La propiedad no está acreditada. La sospecha existe. Y cuando un medio es percibido como parte de una campaña, pierde credibilidad el medio y tampoco necesariamente gana votos el candidato.
Puede ganar centímetros, fotografías y titulares. Las urnas de 2025 mostraron que eso no alcanzó.
El candidato del aparato
Otro reproche golpea dentro del propio peronismo. Michel aparece asociado a las estructuras nacionales, al massismo y a los acuerdos de cúpula. Su candidatura de 2025 surgió después de una interna partidaria conflictiva, con listas excluidas y una disputa que terminó en la Justicia Electoral.
La lista pudo quedar legalmente habilitada. Lo que no quedó resuelto fue la herida política.
Una parte del peronismo no lo ve como el resultado de una construcción colectiva, sino como el beneficiario de una candidatura armada desde arriba. Y un dirigente puede quedarse con el sello, con la boleta y con los lugares en la lista, pero eso no significa que se haya quedado con la militancia ni con los votos.
Michel consiguió la candidatura. No consiguió conducir al electorado peronista hacia una elección competitiva.
Ésa es la factura que todavía le pasan.
El barrilete de platino
A Héctor Maya, según recuerda el folclore político entrerriano, lo llamaban “barrilete de plomo”: un candidato que acumulaba historia y apellido, pero que no lograba levantar vuelo en las urnas.
La versión actualizada es mucho más cruel:
“Michel es un barrilete de platino”.
No porque vuele más alto. Tampoco porque sea más liviano. Es de platino porque está rodeado de una imagen de abundancia, recursos, producción y exposición.
Su declaración jurada patrimonial inicial informó bienes, depósitos y dinero valuados en aproximadamente 420,7 millones de pesos al comienzo del período. Ese dato no demuestra cuánto invierte en política ni permite atribuirle cada aparición pública. Pero sí explica por qué la metáfora del platino encuentra terreno fértil.
Maya era el barrilete de plomo porque no ganaba.
Michel sería el barrilete de platino porque tampoco despega, pero detrás suyo se percibe una maquinaria mucho más costosa.
La elección que Michel todavía no ganó
Michel ganó una banca. Ganó espacios dentro del partido. Ganó presencia mediática. Ganó cercanía con dirigentes nacionales.
La elección que todavía no ganó es la más importante para alguien que quiere gobernar Entre Ríos: la de la confianza social.
En su ciudad no le falta conocimiento. Le falta adhesión. No le falta difusión. Le falta identidad territorial. No le falta aparato. Le faltan votos.
Por eso la frase que recorre Gualeguaychú es tan hiriente:
“Maya siempre perdió acá. Pero hoy sería más fácil hacerlo ganar a Maya que a Michel”.
Y por eso el remate ya quedó instalado:
Si Maya era el barrilete de plomo, Michel es el barrilete de platino: brilla, cuesta una fortuna y, por ahora, tampoco levanta vuelo.
Fuentes consultadas: escrutinios electorales oficiales y relevamientos publicados sobre las elecciones de 1999, 2009 y 2025; Cámara de Diputados de la Nación; declaración jurada patrimonial pública; términos y condiciones de El Día de Gualeguaychú. La presunta propiedad de ese medio por parte de Michel no está acreditada y se menciona exclusivamente como una versión que circula en el debate político local.























