Dumon junto a su padre.

Mario Dumon, de Rauch, Cuenca del Salado, es uno de los productores que participa de la iniciativa de agregar valor a la cría liderada por el MV Jeremías Mordentti, asesor en reproducción. Hoy, como administrador de “La Josefina”, cuenta cómo creó una “cabañita” comercial tras 50 años de mejora genética del rodeo familiar de 380 vientres. ¿Será tendencia, ante la bonanza de la ganadería? 

“Mi padre, médico y apasionado por el Angus, aplicó tecnología durante décadas. Si bien hacía novillos para consumo, fue comprando buenos reproductores, siempre los primeros corrales y seleccionando las hembras, mientras hacía pasturas”, rememoró Dumon, en diálogo con Valor Carne. Y agregó: “Cuando me hice cargo del campo nos encontramos que teníamos una base genética muy buena, habíamos logrado lo más difícil: la madre de calidad. Por eso, hace 8-10 años empezamos a dejar algunos terneros sin capar para hacer nuestros propios toros”.

¿Cómo los seleccionaron?  El primer paso fue inseminar las vaquillonas de primer servicio para concentrar el 50 a 60% de la parición en 15 días. Luego, de la cabeza, o sea, entre los hijos de las madres más fértiles, “elegíamos unos 8-10 terneros -de bajo peso al nacer- pero necesitábamos cuatro para el servicio, nos sobraban algunos. Y eran tan lindos que daba lástima venderlos al kilo, entonces se los llevaba un vecino. Así, en 2017, empezamos con los toros”, indicó, detallando que la tarea se hacía en familia junto a Mordentti (asesor del establecimiento). La selección iba en línea con lo que venían haciendo con las hembras: animales adaptados al ambiente, de tamaño moderado, de linda cabeza, con buenos aplomos y buena circunferencia escrotal.

A su vez, hace seis años, le sumaron el análisis genómico, que brinda datos tales como peso al nacer, facilidad de parto, conversión de materia seca y peso al destete. “Es una herramienta que nos ayuda, nos adelanta el desempeño que tendrá ese ternero. Optamos por los de bajo peso al nacer, aunque tienen un crecimiento fenomenal y al separarlos de la madre no hay diferencia de kilaje con los otros”, explicó.

Así las cosas, la primera camada que analizaron con genómica dio que casi el 60% de los ejemplares eran de bajo peso al nacer. “Teníamos un tesoro escondido en el rodeo gracias al trabajo de mi padre que siempre seleccionó por ese atributo, el que más nos pedían los clientes. Primero vendimos tres toros, después 6, 12, 24 y pronto llegamos a 50”, contó Dumon, aludiendo a que, como todos quedaban conformes, se fue generando confianza.

“Había correlación entre la genómica y lo que veían en la descendencia, o sea, cuando los utilizaban en sus campos, les daba el ternero que buscaban y nos decían: ‘para el año que viene guardame esto, guardame lo otro’. Así, de boca en boca se fue formando una clientela de productores chicos, todos rauchenses”, relató.

Paralelamente, hace siete años, Dumon empezó a armar su propio rodeo, adquiriendo vaquillonas preñadas y toros de cabañas tradicionales hasta lograr un plantel de 350 vientres, que administra junto a los 380 de su padre, ya retirado, lo que le permitió duplicar las ventas.

Una cuestión que ayudó a este crecimiento exponencial fue el servicio artesanal. “Invito a cada productor a recorrer el campo, le muestro el rodeo, le explico el origen del toro y le presento los datos genómicos. Trato de bridarle el ejemplar que necesita para su sistema productivo, además de la logística y la financiación”, comentó.

¿Y los precios? “Si bien los nuestros son más bajos que los que ofrecen las cabañas de renombre, no nos eligen solo por eso. Hay productores chicos que no quiere ir a un remate porque, si anda bien y los valores se van muy arriba, no llegan. Aunque les gusta la línea genética, se quedan con las manos vacías. Mientras que acá pueden elegir esa sangre en forma indirecta y con comodidad”, respondió.

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En ese sentido, Dumon piensa que su actividad no es competencia de las cabañas tradicionales, porque cada año adquiere reproductores de punta para acelerar la mejora de su plantel.

“Siempre invertimos en Rauch, compramos dos o tres toros de alto valor por año, por ejemplo, cinco de los nuestros equivalen a uno de los que nos llevamos”, pormenorizó.

¿Competencia en ventas particulares? “Y sí, en algún modo, sí, ellos también las hacen. Pero el mercado se amplió, la ganadería está transitando buenos momentos y hay demanda para todos”, afirmó, aclarando que no considera que su actividad sea realmente una cabaña.

“Sería una falta de respeto hacia los criadores de toda la vida, que manejan un montón de datos más que nosotros y otras tecnologías”, se sinceró. Es más, “somos clientes de varios de ellos y nos han invitado a compartir sus remates. Este año, por primera vez, llevaremos vaquillonas preñadas, que son hijas de su genética”, anunció.

El impacto de la nueva actividad fue tan significativo que el establecimiento abandonó la producción de novillos. “Hoy, lo que no se destina a toro se vende como invernada. Hacer reproductores, nos lleva mucho trabajo, gran demanda de pasturas y el campo no da para más, llegamos al tope. Este 2026 ya empezamos con las ventas: saldrán 100 toros y 75 vaquillonas preñadas. Agregamos valor, mi padre está orgulloso”, enfatizó.

Genética puesta en valor 

En la Cuenca del Salado, la principal zona de cría del país, particularmente en Rauch, la genética ha dado un gran salto de calidad en los últimos años.

“Detrás de esa evolución hay décadas de trabajo silencioso: productores que invirtieron en buenos toros, que seleccionaron fenotípicamente sus vaquillonas de reposición y que fueron construyendo rodeos consistentes”, planteó Mordentti, especialista en reproducción.

Esto abrió la oportunidad de convertir ese capital genético en toros para vaquillonas de bajo peso al nacer y facilidad de parto, que responden a las necesidades de los sistemas productivos de la zona.

Mordentti.

Mordentti.

“Pusimos en marcha un programa sencillo, basado en IATF y complementado con evaluaciones genómicas, sin abandonar la tradicional selección fenotípica. Hoy, con acompañamiento técnico, una docena de productores con 300 vientres promedio pasaron de utilizar su genética sólo tranqueras adentro a comercializar entre 40 y 100 reproductores”, aseveró.

Para Mordentti, un aspecto saliente de esta movida es haber ampliado el alcance de la mejora genética. “Surgieron alternativas para un target que habitualmente no concurría a remates o no podía acceder a genética de punta. Las nuevas "cabañitas" comenzaron a ofrecer reproductores ajustados sus necesidades. Pienso que, en el actual escenario de precios ganaderos, estas experiencias podrían replicarse”, concluyó.

  • Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein
    Editora de Valor Carne