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Supermercados argentinos advierten por el avance de la informalidad

Consumo en Argentina: Supermercados advierten por el avance de la informalidad pese a señales de recuperación- El consumo masivo en Argentina atraviesa una etapa de transición.
09/03/2026pregonandopregonando

Tras varios trimestres marcados por caídas persistentes en las ventas, los primeros indicadores de 2026 comienzan a mostrar una leve desaceleración en el ritmo de retracción. Sin embargo, este cambio no alcanza todavía para hablar de una recuperación sólida, y desde el sector supermercadista advierten que el verdadero desafío no proviene tanto del ingreso de productos importados, sino del crecimiento sostenido del comercio informal.

Datos recientes del mercado reflejan que durante enero se registró una contracción interanual cercana al 1,1% en el total de los canales de venta relevados. En el caso específico de las cadenas de supermercados, la caída fue más pronunciada, con un retroceso del 3,3%. A pesar de ello, referentes del sector señalan que estos resultados representan una mejora relativa frente a los niveles observados durante buena parte de 2025, cuando las bajas se ubicaban entre el 4% y el 5% anual.

Este comportamiento sugiere que el consumo continúa en terreno contractivo, aunque con una pendiente menos negativa. Factores estacionales, como el impacto de las compras navideñas o la dispersión del gasto durante el período de vacaciones, también influyen en el desempeño del primer mes del año, por lo que la evolución de los próximos meses será clave para confirmar si la tendencia logra consolidarse.

Promociones y cambios en el comportamiento del consumidor

Uno de los elementos que permitió amortiguar la caída en las ventas fue la implementación de estrategias comerciales más agresivas por parte de las cadenas. Descuentos directos, promociones del tipo “2×1” y rebajas aplicadas incluso sobre productos de primeras marcas impulsaron el tráfico de clientes en los locales físicos y favorecieron una mejora en las ventas medidas en unidades.

En este contexto, se profundizó un fenómeno que ya se venía observando en los últimos años: la creciente dependencia del consumidor argentino respecto de las promociones. Hoy, las decisiones de compra están fuertemente condicionadas por la existencia de descuentos o beneficios asociados, lo que obliga a los supermercados a sostener campañas constantes para mantener el nivel de rotación.

Al mismo tiempo, se advierte una transformación en los hábitos de consumo que algunos analistas describen como un proceso de “primarización”. Esto implica una mayor orientación hacia productos básicos y esenciales en detrimento de bienes considerados secundarios o prescindibles.

Entre las categorías que experimentaron mayores retrocesos se encuentran bebidas alcohólicas, gaseosas, aguas saborizadas, postres y determinados productos lácteos no esenciales. En contrapartida, crecieron las ventas de segundas marcas y, especialmente, de marcas propias desarrolladas por las cadenas, que ofrecen una relación precio-calidad más competitiva frente a las opciones tradicionales.

Esta reconfiguración también impacta en la organización de las góndolas, que se ajustan en función de la rotación efectiva de los productos y la nueva estructura de la demanda.

Comercio electrónico en expansión

Otro aspecto relevante es el crecimiento sostenido del comercio electrónico dentro del canal supermercadista. Durante 2025, las ventas online aumentaron alrededor de un 50% respecto del año anterior, impulsadas por la mayor digitalización de los hábitos de compra.

No obstante, el peso relativo del canal digital sigue siendo limitado en comparación con las ventas presenciales. Si bien su expansión contribuye a diversificar las estrategias comerciales y mejorar la accesibilidad para determinados segmentos de consumidores, todavía no posee la incidencia suficiente como para revertir por sí solo la tendencia general del consumo.

Importaciones: impacto limitado en alimentos

En medio de un contexto económico caracterizado por la apertura comercial y el incremento de las compras externas, el ingreso de productos importados generó preocupación en distintos sectores productivos. Sin embargo, desde el supermercadismo sostienen que su incidencia en las ventas totales continúa siendo marginal.

Según estimaciones del sector, los bienes provenientes del exterior representan menos del 4% del total comercializado en las grandes superficies. En el rubro de alimentos, particularmente, no se observa una competencia significativa frente a la producción nacional.

En la mayoría de los casos, los precios de los productos importados se ubican en niveles similares a los de origen local, debido a factores como los costos logísticos, arancelarios y de distribución. Por ello, cuando el consumidor opta por estas alternativas, la elección suele responder más a preferencias específicas que a una ventaja económica sustancial.

Existen, no obstante, algunas excepciones puntuales, como ciertos cortes de carne porcina provenientes de Brasil o artículos específicos que logran posicionarse por debajo del precio doméstico.

La informalidad como principal amenaza

Más allá del debate en torno a las importaciones, los supermercados identifican al comercio informal como el principal factor de competencia desleal en el actual escenario.

En canastas comparables, la brecha de precios entre el circuito formal y el informal puede oscilar entre el 15% y el 20%. Esta diferencia se explica fundamentalmente por la evasión de impuestos y cargas laborales por parte de operadores que desarrollan su actividad fuera del marco regulatorio.

La carga tributaria que enfrentan las cadenas incluye el Impuesto al Valor Agregado (IVA), Ingresos Brutos y diversas tasas municipales, lo que eleva significativamente sus costos operativos en relación con los comercios no registrados.

A esto se suman los costos laborales asociados al empleo formal, que representan otro componente relevante en la estructura de gastos del sector.

En un contexto de demanda aún debilitada, las cadenas buscan mejorar su eficiencia operativa y fortalecer los acuerdos con proveedores para impulsar el volumen de ventas a través de promociones.

La industria, por su parte, también necesita sostener los niveles de producción y comercialización, lo que limita su capacidad de trasladar incrementos de costos exclusivamente a los precios finales.

Esta dinámica configura un escenario de negociación constante entre fabricantes y distribuidores, en el que ambas partes intentan preservar márgenes sin comprometer la competitividad en un mercado que todavía muestra signos de fragilidad.

Si bien algunos indicadores sugieren que la caída del consumo comienza a moderarse, el sector coincide en que la recuperación dependerá en gran medida de la evolución del poder adquisitivo de los hogares y de la capacidad para reducir las distorsiones generadas por la informalidad.

Fuente: Diario Neuquino

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