


Outsiders ¿Entrar a la ganadería con precios altos?
Alfonso Ferrari, 28 años, abogado y miembro de la Consignataria Ferrari y Cía, de Tres Arroyos, Buenos Aires, explica cómo, hace dos años, puso en marcha el ciclo completo Angus junto a otro joven, productor de cereales. Desde Valor Carne presentamos su caso que muestra los desafíos y éxitos de dos “outsiders” en una ganadería que está en uno de los mejores momentos en décadas.

“Tenemos una demanda internacional sostenida y una caída de stock en los principales países productores. En cuanto a la Argentina, con un gobierno que está implementando reglas claras, sostenibles, se habilita una proyección a mediano plazo del negocio”, afirmó. Y planteó: “Esto motiva a productores agrícolas -hayan sido o no ganaderos- y a outsiders, como nosotros, a que nos veamos tentados a invertir, aunque debamos sortear obstáculos estructurales”.
Ferrari lleva adelante su emprendimiento con Tomás Galilea, amigo de toda la vida, que le brindó la oportunidad para comenzar. “Mi socio aportó campos de su propiedad. Ambos nos estrenamos en la producción de hacienda, aunque yo tengo más un siglo de historia familiar en el comercio, dos rubros que se complementan muy bien. Desde entonces, hacemos todo juntos y crecimos exponencialmente”, reveló.

Las vacas propias
La Consignataria Ferrari es una firma con casi 115 años de trayectoria consistente. “Mi bisabuelo, martillero, la creó en 1911 y hasta el día de hoy seguimos operando. Mi abuelo, mi padre y mi tío siguieron adelante y yo, la cuarta generación, ya estoy empujando desde abajo”, contó, detallando que su “pasión por las vacas” se construyó con las historias de sus mayores.
“Mi familia vivió los grandes altibajos del negocio, desde el auge de los remates feria, cuando la hacienda se trasladaba por arreo y se cargaba en trenes, hasta los años en que un novillo apenas pagaba una hectárea de campo”, recordó, indicando que la zona se fue haciendo más agrícola, triguera, con menos vacas, pero desde la consignataria pudieron sobrellevarlo. “Los clientes nos eligen porque siempre cumplimos, nos tienen confianza, me recalca mi viejo”, añadió Ferrari, aludiendo a la vocación que los respalda en el actual “boom ganadero”.
Otro legado recibido por el joven es el interés por producir sus propias vacas. “La idea la tuvo mi abuelo, después mi tío y yo rompí el hielo para concretarla, cuando volví de Buenos Aires, donde me recibí de abogado”, rememoró, sugiriendo que entonces se le presentó la oportunidad para ingresar a la actividad.
Tomás Galilea junto a Ferrari.
“Le pedí a Tomás que, cuando supiera de algún campo en la zona que se arriende o que salga, me avisara. Y su respuesta fue: ‘¿por qué no lo hacemos juntos?”, recordó. A partir de entonces, “trabajamos sus tierras, él se hizo cargo de las mejoras y yo le pago el 50% del arrendamiento. Los animales los compramos a medias, todo con capital propio”, detalló, refiriéndose a dos campos cercanos, uno de cría y el otro de recría y terminación.
¿El inicio? “Arrancamos en mayo de 2024 con 50 vacas para invernada, habíamos sembrado unos lotes de avena y vicia, esperamos a que el pasto esté listo y las compramos. Las vendimos en octubre, noviembre, con muy buenos resultados” contó, pormenorizando que salieron tras haber cambiado de categoría, con más kilos y precios más altos. “Elegimos este negocio porque el ciclo es mucho más corto que el la cría y el engorde de vaquillonas y novillos. Además, es flexible, nos permite ajustarnos a la oferta de forrajes”, indicó.
Ese mismo año, en septiembre, adquirieron 400 vacas con ternero al pie y les dieron servicio. Al año siguiente, sumaron 250 vaquillonas preñadas y otras 80, en diciembre. Con estas compras y reteniendo algunos vientres, llegaron a 800 madres, todas Angus negro y colorado, “bien definidas”, para iniciar el ciclo completo.
“En realidad, en marzo de 2025, vendimos todo el destete porque todavía nos faltaba infraestructura: molinos, alambrados, bebederos, todo es nuevo”, puntualizó. Además, siguieron con el negocio de invernada de vacas, en mayo compraron 500 y se despacharon antes de fin de año.
Vacas con cría en sorgo forrajero.
“Todo el ingreso por ventas, lo reinvertimos en el campo y con la ayuda del clima y de los técnicos, el crecimiento fue exponencial”, aseveró, argumentando que cuentan con un agrónomo, un veterinario y un contador desde el comienzo.
Así las cosas, en este 2026, con el destete de marzo empezarán con la recría y engorde para faena. “Vamos a recibir los terneros con silaje de sorgo, después pasarán a verdeos de invierno y luego a pasturas permanentes, ya tenemos todo sembrado y preparado para que ganen un kilo por día”, adelantó. Finalmente, se encerrarán para poder despachar en diciembre 300 novillos de unos 400 kg y 18-20 meses de edad.
¿Rentabilidad? “El año pasado tuvimos un 6% sobre el capital. Esto es teniendo en cuenta gastos de alquiler, implantación de verdeos y pasturas, sanidad, personal e incluso amortización de la vaca de cría como bien de uso”, reveló. Este año, pasando de cría a ciclo completo, intensificando y con mayor carga/ha, estiman obtener un margen mayor.
En ese sentido, un punto importante que consideraron los socios a la hora de invertir es el costo de oportunidad de la tierra. “Hoy con los valores del arrendamiento agrícola, darle lugar a la hacienda nos obliga a ser muy eficiente y producir más para que el negocio sea rentable. En campo propio el razonamiento sigue la misma suerte, porque se compite con el ingreso que percibiría si lo alquilara”, advirtió.
Para inversionistas
Finalmente, Ferrari se refirió a la delgada línea entre limitaciones estructurales y oportunidades para ingresar a la ganadería. “En nuestro caso, lo hicimos cien por ciento con capital propio, pero entendemos que la falta de crédito adecuado es una barrera para muchos interesados que hoy hacen agricultura”, aseveró.
La inversión para un cultivo también es importante, pero el retorno se obtiene en menos tiempo y la mayoría de los insumos se pagan a cosecha. “La agricultura cuenta con una financiación que la ganadería todavía no tiene. Además, la rentabilidad de la cría e incluso del ciclo completo no permite pagar altos intereses, los números no dan”, explicó.
Otra cuestión limitante es que mientras los ciclos productivos son más largos, los plazos de pago son más cortos. “Para comprar una vaca de cría, son de treinta, sesenta, noventa días, pero después hacer un novillo lleva tres años. Entonces, hay que bancar un descalce que desafía a cualquier potencial inversor”, subrayó.
¿Cómo juegan los precios? “Cuando empezamos, hace dos años, no se veía el boom de valores actuales. Lo que sí se advertía era la propensión al alza y cuando los ciclos productivos son largos, las tendencias también lo son, la oportunidad es firme. Hoy, con la hacienda en sus máximos históricos nosotros, además de retener, seguimos comprando vacas”, concluyó.
Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein
Editora de Valor Carne


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