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El “mal perder” en los niños con altas capacidades intelectuales

Muchos niños y niñas con altas capacidades intelectuales tienen muy “mal perder” en los juegos de mesa y deportes.

12/02/2024 pregonando pregonando
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 No es esta una condición exclusiva de estos peques, ni muchísimo menos, como tampoco lo son otras muchas características comunes en las altas capacidades, como la hipersensibilidad, pero es cierto que es muy recurrente en este tipo de perfiles.

En un post reciente, Beatriz Belinchón, especialista en altas capacidades aseguraba que los niños y niñas con altas capacidades intelectuales llevan muy mal el “no ganar”. Se preguntaba Belinchón quiénes, entre sus seguidores, saben cómo va a acabar la partida, que puede ser también un juego o alguna pachanga deportiva, por ejemplo, antes de empezar, cada vez que se saca un juego de mesa.

Esto se debe a que, Belinchón, igual que muchos papás y mamás de niños y niñas con altas capacidades intelectuales saben, las AACC suelen ir de la mano del “mal perder”. “No es exclusivo de las altas capacidades, pero sí que el grado de intensidad ante el fracaso, frustración, fallar, es más elevado, porque no están acostumbrados…”, explica en un comentario a un usuario que le pregunta si esta condición es propia solo de las altas capacidades intelectuales.

No lo es, como dice Beatriz Belinchón, porque hay personas que también tienen “mal perder” y no tienen altas capacidades. Sin embargo, esto es algo estrechamente relacionado con la baja tolerancia a la frustración, que es una característica presente en la gran mayoría de los peques con altas capacidades.

En la tarea de educar nos encontramos, a veces, con que el comportamiento del niño no es el más ejemplar: ¿cómo actuar sin perder la calma?

La frustración en las altas capacidades

Explica la Asociación Española de Superdotación y Altas Capacidades (AESAC), que “las causas de la frustración en las AACC pueden ser múltiples y ellas dependerán de la personalidad de la persona, de sus vivencias personales o sus características emocionales”.

Una opción es que esta se deba a su alta sensibilidad. “Si se trata de un niño con gran sensibilidad, posiblemente mostrará una mayor preocupación por las injusticias sociales, o le costará acatar aquellas normas que no entren dentro de sus esquemas lógicos y, si lo hace, sentirá una gran frustración, rebeldía, enfado, rabia…”, explican. La rabia es precisamente lo que les domina cuando no ganan.

Para gestionar la frustración en las altas capacidades, es importante, como siempre reiteramos, el papel de la escuela y la familia del menor. “Es esencial que dediquen tiempo a la educación emocional de los niños”, aseguran desde AESAC.

En este sentido, indican desde la asociación, “enseñar a los niños con altas capacidades a tolerar la frustración supone dotarles de la capacidad para afrontar los problemas y las limitaciones que se encuentren a lo largo de su vida, a pesar de lo incómodo o desagradable que pueda resultar en muchas ocasiones”. Por lo tanto, añaden, “es algo que se puede trabajar y desarrollar”. Y esto incluye el “mal perder”.

Sobreproteger a los niños no juega en su beneficio; al contrario: puede provocarles dependencia emocional e intolerancia a la frustración. Debemos dejar que los hijos se equivoquen y hay razones muy claras para hacerlo. Te lo contamos.

Lo primero que recomiendan desde la asociación es “reconocer o asumir que las reacciones emocionales de nuestros hijos”, entender que las viven de forma amplificada. “Si entendemos esto, posiblemente nuestra reacción ante su frustración será diferente”, apuntan desde AESAC.

También es positivo y aconsejable, necesario incluso, “enseñar a nuestros hijos a reconocer e identificar sus emociones desde pequeños, empezando por las más básicas y siguiendo con las más complejas”.

Razones por las que es necesario enseñar a los niños a perder cuando juegan

No significa esto protegerle de una derrota o que no juguéis a nada competitivo con ellos y ellas porque el efecto sería el contrario al deseado a largo plazo (aprendemos también con la experiencia en primera persona), pero sí que es necesario que, cuando el peque se sienta frustrado, le acompañemos desde el afecto y la comprensión. “Que el niño se sienta escuchado y apoyado”, recalcan desde AESAC.

Si lo haces, poco a poco, le estaréis ayudando también a gestionar mejor esas pequeñas experiencias que derivan en emociones negativas para ellos, que no parecen importantes pero que lo son para ellos y ellas, como el hecho de perder una partida en un juego de mesa.

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